
Falta poco para que sean las 7 de la tarde y sólo quiero ir a casa después de este largo y lluvioso día de trabajo.
Me gusta la lluvia, pero... pucha que es leseo salir a la calle cuando San Isidro se acuerda de nosotros. Al menos para mi es todo un atado. Que "ponte botas", "¿llevas calcetines de recambio y otro pantalón?", "ponte el gorro" son sólo algunas de las frases que escucho recitar mi mamá en días como hoy. Y ¿quién tiene la culpa? Mi sinusitis.
A veces me pregunto por qué habré salido tan enfermiza. Me soplan y me resfrío. Debo reconocer que muero de ganas por salir a la calle a mojarme, saltar por las posas y degustar un rico helado de manjar con nueces bajo mi paraguas y en compañía Folsek.
Pero como soy amiga de los virus respiratorios y otras enfermedades típicas de este tiempo, sólo debo conformarme con disfrazarme con botas de agua y parka, correr para alcanzar el metro y mojarme lo menos posible en el camino a mi casa, para disfrutar del panorama de siempre en un día lluvioso: chocolate caliente, sopaipillas y las caricias inagotables de mi amado Folsek.
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